Hablamos de proyectos artísticos, pero ¿qué es eso? Hay muchas manifestaciones en torno al arte y, a veces, los límites, generan confusión en conceptos difíciles de abordar. Pero aún así, no todo vale. ¿Por qué sí o por qué no? ¿Quién decide cuando un proyecto es válido y en base a qué? ¿Para quién tiene interés? ¿Por qué se gesta esa necesidad? ¿Qué metodologías se llevan a cabo en estas cuestiones? ¿Quién es quién en todo esto? Y tú, ¿qué te cuentas?





miércoles, 18 de agosto de 2010

Ritmos













Tradiciones y fiestas siembran el país con pendones, coronaciones de reinas, mercados medievales, verbenas, exposiciones de pintura y peñas durante el tiempo estival. Se repiten año tras año y los pueblos y pequeñas ciudades reciben a turistas y antiguos paisanos que un día emigraron a esas urbes que les ofrecían mejores posibilidades donde cohabitan con las miradas escrutadoras en el espacio habitado, la paranoia y el terror, el temor generalizado, el miedo al otro, los entornos blindados, el control permanente,  la exclusión social (ver a José Miguel G. Cortés en su ciudad cautiva) y las relaciones líquidas. En vacaciones, algunos, retornan a sus lugares de origen a pasar un tiempo de asueto donde los ritmos y los tiempos, son distintos a los de la ciudad. Todo es mucho más tranquilo, las tradiciones son firmes, hay menos servicios, se habla, se saluda frecuentemente, se conocen todos, se permiten más libertades y siempre hay alguien que ha observado lo que ha hecho el otro. También es muy importante el ver y ser visto así como las apariencias. No hay cámaras de seguridad, los coches se pueden dejar abiertos, los bolsos encima de las sillas sin riesgo de ser sustraídos y gallinas y pasajeros viajan en un mismo espacio a los pueblos colindantes.

Pero pese a estar en un sitio o en otro, todos estamos expuestos a una subjetividad e identidad colectiva, donde lo diferente o fuera de norma dentro de cada contexto, se establece en muchas ocasiones como una corriente en la que todo vale, donde más es menos, se conjuga la opresión y la liberación, conduciéndonos más de lo necesario, a una mercancía como espectáculo. El arte como experiencia, como mecanismo de comunicación, como "manifiesto de", como proceso, componente estético, económico o social, es una herramienta que quizá, no debería formar parte de esa mercancía que inunda los ritmos de las comunidades.

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