Hablamos de proyectos artísticos, pero ¿qué es eso? Hay muchas manifestaciones en torno al arte y, a veces, los límites, generan confusión en conceptos difíciles de abordar. Pero aún así, no todo vale. ¿Por qué sí o por qué no? ¿Quién decide cuando un proyecto es válido y en base a qué? ¿Para quién tiene interés? ¿Por qué se gesta esa necesidad? ¿Qué metodologías se llevan a cabo en estas cuestiones? ¿Quién es quién en todo esto? Y tú, ¿qué te cuentas?





martes, 20 de julio de 2010

La agónica espera del Teatro Pérez Alonso



Mientras Richard Florida, en las ciudades creativas, nos habla del lugar en el que vives determina una parte importante del bienestar y la felicidad personal, me pregunto cómo lo afrontarán las personas que viven en medios rurales o pequeñas ciudades donde el espacio público permanece cerrado a la espera de un algo futuro. La falta de presupuesto de los ayuntamientos para abrir teatros o museos inacabados, las bibliotecas con infraestructuras obsoletas y pocos recursos, la inexistencia de programas culturales para el ciudadano, la poca inversión empresarial, etc... hace que las gentes de esas tierras viva los largos inviernos ajena al mundo y su desarrollo.
Los mass media así como el acceso a internet, son herramientas que existen, pero no generan lo que ellos anhelan y no llegan a todos.
No hay cines, ni centros comerciales, ni teatro, ni lugares que inciten a la reflexión cultural, ni tai-chi.
Eso no es hablado en las grandes ciudades, no genera riqueza ni interés para otros, quizás en estudios antropológicos o sociológicos. No se habla en profundidad del espacio público en zonas rurales que no evolucionan con los años al haber sufrido un éxodo masivo de población a las urbes y posibles alternativas.
Y sus edificios, agonizan.
Y sus pobladores ya no creen en utopías.

2 comentarios:

Queralt dijo...

Pero habría que pensar si realmente todo esto: teatros, museos, centros comerciales, etc., tiene que llegar a TODOS los sitios. Otro tema es el de la despoblación de ciertas regiones, deprimidas por ser de sustento básicamente agrario, cuando ahora mismo, lo que efectivamente acaba atrayendo trabajo son los servicios. Quizás la cuestión sería cómo hacer que la gente sopesara la posibilidad de vivir en un sitio dónde no hay lo que hay en la ciudad. Pero... ¿tiene la cultura la respuesta?

Alicia Juan Lobato dijo...

Creo que de alguna manera, la cultura debería llegar también a esas zonas deprimidas de alguna forma. Bien es cierto que primeramente son necesarias inversiones laborales que cohabiten con la agricultura, ganadería, pesca o minería para conseguir otras cuestiones.
No sé si la cultura tiene la respuesta, quizás los presupuestos económicos autónomicos y/o locales la tengan así como la responsabilidad.
Es tremendo observar en pequeñas ciudades con ciertos recursos, que haya infraestructuras abandonadas o vacías y no se pueda disponer de esos espacios para darles un uso más dinámico y enriquecedor para el disfrute de los que viven en esas zonas, los que se quedan.